Se llamaba Olympe

Si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, también tiene el derecho de subir a la tribuna…

Si hay algo que me saca de quicio son los boludos… Perdón, recomienzo. Si hay algo que me saca de quicio son los boludos y las boludas… Joder… tengo que volver a empezar. Si hay algo que me saca de quicio son l@s bolud@s… No hay caso. No puedo. Lo intento y no puedo.

Sin embargo la cosa es sencilla como una de tus manos: hay quien cree que reivindicar los derechos de la mujer pasa por pringar el idioma. Cama esta estudianta muy canscienta de sus derechas, que redactá su Tesis de Grada en Ciencias Palíticas sin utilizar la letra “O”. Así, cama la lees.

La noticia, redactada tal cual –no le quito ni le pongo– me estremeció:

Ciudada de Méxica.- Socorro Monroy Orozco, estudiante de Ciencias Políticas, defenderá su tesis titulada: “La cuerpa: espacia de lucha y terrena para hermanas en resistencia”.

Esta patriota, que en adelante conviene llamar Sacarra Manray Arazca, escribió la primera Tesis de la historia que no llevará la letra “O”, por la simple razón que se trata de la vocal con la que se marca gramaticalmente el género masculino. Sin ánimo de incordiar, me acordé de mi amigo, el Flaco Hagel, médico ginecólogo de su oficio, –QEPD, paz a su alma–, quien solía decir: “Las mujeres deben tener huevos en algún lado, porque no pueden ser huevonas así, a capella”.

No te equivoques, servidor no tiene nada de machista: te lo voy a probar un par de líneas más abajo. Simplemente se me atasca en la epiglotis el razonamiento de Sacarra, que pretende que su trabajo es un pequeño aporte para acabar con el patriarcado opresor, porque “Es esencial para visibilizar las vulnerabilidades de las sustantivas y las adjetivas” (sic).

Sacarra agregó: “Todxs y todes hablan la misma lengua, es una injusticia que se privilegie a las masculinidades” (resic), y adujo que eliminar la letra “O” no fue fácil, sobre todo cuando quiso escribir palabras comunes en su propio léxico como “yo”, “noesnó” y “falopatriarcado”. “Algunas veces utilicé la X incluyente, y también la E igualitaria”, precisó. La nota de prensa señala que el comité encargado de evaluar la Tesis estima que marcará “una nueva camina en las luchas feministas y hará temblar a la Academia Españxla de la Lengua”.

Cama na padía faltar, entusiastas feministas aplaudieran la labar de Sacarra can la cansigna: “Hagamxs una diccixnaria nxsxtrxs mismxs”. Bon courage!

Tan aguerrida consigna me sirve de introducción para el tema de esta parida, que no es sino Olympe de Gouges, la primera feminista. Feminista en serio, no en pendejadas como el uso de la “O”.

En realidad se llamaba Marie Gouze y nació en Montauban (1748), en una familia de fabricantes de tejidos, aunque siempre afirmó ser hija ilegítima de un poeta de la nobleza, Lefranc de Pompignan. Al enviudar de un rico negociante –pleonasmo– se instaló en París donde llevó una vida de mujer libre (¡en esa época!) y se consagró a la literatura. Entre 1788 y 1793 publicó panfletos políticos, novelas y obras de teatro contra el esclavismo.

Durante la Revolución frecuentó el Círculo Social junto a Condorcet, Collot d’Herbois y otros adversarios de los prejuicios contra la mujer. Desde allí llamó a las mujeres a hacer su propia revolución. Proclamando que si la mujer podía subir al cadalso también debía poder subir a la tribuna, a mediados de septiembre de 1791 Olympe de Gouges publicó su Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana. He aquí algunos elementos:

Las madres, las hijas, las hermanas, representantes de la Nación, piden constituirse en Asamblea Nacional. Considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de las desdichas públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer, en una declaración solemne, los derechos naturales, inalterables y sagrados de la mujer, para que esta declaración, constantemente presente en todos los miembros del cuerpo social les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes, para que los actos del poder de las mujeres y los del poder de los hombres –comparados a cada instante con el objeto de toda institución política– sean más respetados, para que las reclamaciones de las ciudadanas, fundadas de ahora en adelante en principios simples e incuestionables, obren siempre al mantenimiento de la Constitución, de las buenas costumbres y a la felicidad de todos. En consecuencia, el sexo superior en belleza como en coraje en los sufrimientos maternales, reconoce y declara, en presencia y bajo los auspicios del Ser supremo, los siguientes derechos de la mujer y la ciudadana:

Artículo 1: La mujer nace libre e igual al hombre en derechos. Las distinciones sociales solo pueden estar fundadas en la utilidad común.

Artículo 2: El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la mujer y del hombre. Estos derechos son: la libertad, la prosperidad, la seguridad y sobre todo la resistencia a la opresión.

Artículo 3: El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación, que no es sino la reunión de la mujer y del hombre; ningún individuo puede ejercer autoridad que no emane expresamente de ella.

Artículo 4: La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece al prójimo; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer solo está limitado por la tiranía perpetua que le opone el hombre; esos límites deben ser reformados por las leyes de la naturaleza y la razón.

Artículo 6: La ley debe ser la expresión de la voluntad general: todas las ciudadanas y ciudadanos deben concurrir personalmente, o por sus representantes, a su formación; ella debe ser la misma para todos; siendo todas las ciudadanas y ciudadanos iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, cargos y empleos públicos, según sus capacidades y sin otra distinción que las de sus virtudes y sus talentos.

Artículo 10: Nadie debe ser inquietado por sus opiniones incluso fundamentales; Si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, también tiene el derecho de subir a la tribuna, siempre que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la ley.

Artículo 11: La libre comunicación del pensamiento y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer, porque esta libertad asegura la legitimidad de los padres hacia sus hijos. Por consiguiente toda ciudadana puede decir libremente: ‘soy madre de un hijo que te pertenece’, sin que un prejuicio bárbaro la fuerce a disimular la verdad; bajo reserva de responder del abuso de esta libertad en casos determinados por la ley.

Artículo 13: Para el mantenimiento de la fuerza pública, y los gastos de la administración, las contribuciones de las mujeres y de los hombres son iguales; ella participa de todos los trabajos pesados, en todas las tareas penosas, por consiguiente debe tener la misma parte en la distribución de cargos, empleos, dignidades y de la industria.

Confiesa que tiene más sustancia que usar la “x”, o el signo “@”, y es más apañado que cometer eso de “La presidenta, antes de ser dirigenta, había sido una estudianta conscienta y pacienta”.

¿Te sorprendería saber que la Convención rechazó el texto de Olympe de Gouges? Peor aun, la precursora de los derechos de las mujeres, y de la abolición del esclavismo, –que finalmente no sería adoptada en Francia sino el 27 de abril de 1848–, fue arrestada y detenida.

Olympe de Gouges tenía enemigos, entre ellos los esclavistas que no le perdonaron una obra de teatro, El esclavismo de los negros, publicada en el año 1729 e inscrita en el repertorio de la Comédie Française el 30 de junio de 1785… ¡bajo el Antiguo Régimen! La utopía humanista de su texto le valió numerosas amenazas de muerte, y ser enviada a la prisión de La Bastilla.

Algo un poquillo más peligroso que escribir “La cuerpa: espacia de lucha y terrena para hermanas en resistencia”.

Mujer íntegra, valerosa, humanista, Olympe osó proponerle su asistencia a Malesherbes para defender a Louis XVI ante la Convención. Había que tener cojones, con el perdón. Afrontar una masa de revolucionarios que le reprochaban a Louis XVI no la monarquía, ni el hecho de ser rey, sino la traición que constituía su fuga junto a María Antonieta para reunirse con los ejércitos monárquicos que intentaban derrotar la República. Su ofrecimiento fue rechazado con desprecio…

Olympe de Gouges fue arrestada el 20 de julio de 1793 mientras pegaba en las calles de París sus propios afiches, que proclamaban sus propias ideas. Mientras estuvo detenida, no dejó de escribir, y de sacar clandestinamente sus textos para su difusión entre el pueblo parisino.

Olympe fue condenada a muerte y guillotinada el 3 de noviembre de 1793. Desde entonces esa herida duele y sangra.

El diluvio de basura con el que intentaron ocultar su memoria comenzó a desaparecer cuando, en el año 1808, el abad Grégoire la incluyó en la “Lista de los hombres valientes que defendieron la causa de los negros”. Pero aun no logramos que la República le rinda los honores que se merece, haciéndola entrar en el Panteón, el monumento donde descansan para siempre “los hombres ilustres”.

Como te decía, si hay algo que me saca de quicio…

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