Paraules d’amor, senzilles i tendres

La polución de la realidad internacional me inquieta, me deja pensabajo y cabiztivo. La moda de los queques de Estado multimillonarios, –inaugurada por el mafioso Berlusconi–, se extendió por el mundo como un contagio pringoso, terminó por llegar a Chile con raPiñera, e incluso a los Estados Munidos con Donald Trump-oso. Por una vez que un país del Tercer Fundo y del quinto coño se anticipa al Imperio, tenía que ser para esto, una vergüenza más. Con el agravante que, con el programa tan sencillo como voluptuoso de cuadruplicar su fortuna, raPiñera quiere repetirse los espárragos trigueros.

No puedo dar lecciones. En Rancia, no un milloneta, sino un sicario de los poderosos, un candidato en plan fast-food, an amazing and unforgettable experience all-inclusive, una suerte de start-up del parasitismo político prostibulario, llegará sin duda al palacio del Eliseo este domingo. El Gran Charles no será el único en girar como Michael Jackson en la punta de los diez, antes de charmar al vesré estilo moonwalk, en su respectivo sarcófago, palabra que nos viene del griego σαρκοφάγος, y que en castellano quiere decir “el que devora la carne”.

Hace ya un par de botellas que Rancia y la Decepción Europea se transformaron en una provincia del Imperio, si uno le cree a Régis Debray, autor –en sus años mozos– de “Revolución en la Revolución” y devenido con el tiempo en ‘antiguo’ filósofo, visto que los ‘nuevos’ resultaron filochrímatas, o mammones si prefieres el término bíblico.

Mires para donde mires, mangonean los que manejan i soldi, o sea el billete. La Organización de las Sanciones Unidas pesa menos que la CUT en el gobierno y por todos los sitios proliferan las guerras. Tal vez en cumplimiento del mandamiento de Jesús, justo antes de su arresto, juicio y crucifixión: “Armaos los unos a los otros” (Juan 13:34). El tipo de instrucción bíblica que a los coroneles –e incluso a los generales– les llega al arma.

Si miras en casa, historia de ver cómo está el patio, constatas que vivimos revolcaos en un merengue de dios padre y señor mío. La suciedad chilena se sacude al ritmo de los “casos”, que para el caso podríamos llamar cazzo. Un burdel inmundo, en el que el Servicio de Fraudes Internos reivindica tratar a los poderosos y a los atorrantes como lo que son: amos y ex clavos. El argumento es siempre más o menos el mismo: el prolapso de la economía shit-lena necesita a los pesarios como su única salvación.

La Cámara de Imputados suspira aliviada cuando el Servicio de Fraudes Internos opta –libremente– por no estrellarse contra los malandrines. La Friscalía hesita entre envidia y alivio. Los cenadores viven en Jauja, disfrutan de la curiosa ‘cocina’ de las ascensiones mundanas, se nutricionan, eructan, mangan. Las “mesas” bien servidas de los partidos se preguntan donde Penta buscar el dinero que necesitan para seguir sirviendo a los que les sirven el dinero que necesitan.

Los ex pertos, sirven de supositorios lubrificantes para lo que nos toca a nosotros, el personal. Lo que justifica que se les haga entrar en los anales.

En esas lúgubres cogitaciones estaba, cuando empezó a sonar la canción de Serrat…

Paraules d’amor senzilles i tendres.
No en sabíem més, teníem quinze anys.
No havíem tingut massa temps per aprendre’n,
tot just despertàvem del son dels infants.

Maravillado, y sin embargo pesimista (uno que piensa que la esperanza es lo último que se perdió…) repetí, in petto, las palabras de Diderot: “Introducir un rayo de luz en un nido de lechuzas solo sirve para enceguecer a sus habitantes”.

Danton vino al rescate: “Después del pan, la educación es la primera necesidad del pueblo”. Y Saint Just me tiró de espaldas: “Solo los que están en las batallas pueden ganarlas…”

Sigue Serrat, sigue…

En teníem prou amb tres frases fetes
que havíem après d’antics comediants.
D’històries d’amor, somnis de poetes,
no en sabíem més, teníem quinze anys…

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