La triste verdad…

En fin, ya somos grandecitos, podemos conocer la verdad: los niños no los traen las cigüeñas, papá Noel no existe, los Alicantos son pura imaginación y no comen ni oro ni plata, los chupacabras son una leyenda tan irreal como los Trolls, el Trauco o los Tsukumogamis.

Del mismo modo la economía real no tiene nada que ver con la pinche teoría que enseñan en las universidades, de Harvard a la London School of Economics pasando por l’École d’Économie de Paris.

No, el libre mercado no es la encarnación de la eficiencia, ni produce la distribución más justa de la riqueza: es la forma más acabada de un burdel regentado por los amos de la concentración de la riqueza en manos del 0,1% de la población del planeta.

No lo digo yo, lo dice la prensa seria, aquella que le sirve de referencia a nuestros “expertos”.

Una nota de Rana Foroohar –redactora jefe adjunta, responsable de Economía y Negocios de TIME Magazine– titulada “La triste verdad que Apple y Exxon revelan sobre nuestra economía” contribuye a poner las cosas en su sitio.

Foroohar comenta “dos anuncios sísmicos en el mundo de los negocios”. Atento el personal: tsunamis y terremotos son palabras fuertes, incluso y sobre todo en “el mundo de los negocios”.

La petrolera Exxon fue privada de la calificación AAA en materia financiera por la agencia Standard & Poor’s, que es a la transparencia lo que el Cabro Carrera fue a la vida sana. Como quiera que sea, la legendaria confiabilidad de Exxon se mantenía incólume desde el año 1949.

¿Las razones de la degradación? Exxon ha visto aumentar su endeudamiento de manera significativa. ¿Para qué se endeudó Exxon? Para comprar sus propias acciones y para seguir distribuyendo jugosos dividendos a pesar que el precio del barril de petróleo cayó de US$ 100 a US$ 40.

La recompra de sus propias acciones apuntala la cotización en Bolsa de los papeles emitidos por Exxon y puede ser asimilado a una manipulación de los mercados financieros. No es la primera vez que ocurre, ni será la última. Las multinacionales compran sus propias acciones para aumentar artificialmente su cotización bursátil. De paso reducen el número de accionistas y concentran los dividendos –los beneficios– en manos de quienes controlan el business. Al mismo tiempo evitan, o al menos dificultan, una OPA hostil. Como ves, papita p’al loro. Con plata ajena.

Mantener la distribución de dividendos, aunque la empresa tenga pérdidas, es otro robo caracterizado. El poco crédito que aún fluye en los mercados financieros no es utilizado –como manda la cátedra– en inversiones productivas, en la creación de empleo y la distribución de salarios, sino para forrarse.

Tampoco es novedad: hace décadas que las empresas sacan más plata de los mercados financieros para pagar dividendos que para invertir. Las Bolsas ya no sirven para financiar la economía real, sino para absorber la liquidez de la que disponen, por ejemplo, las AFP, y hacerla desaparecer pagándole dividendos a quienes no producen ni un cuesco.

Foroohar lo tiene claro, y lo dice casi con las mismas palabras con las que te lo explico. El otro anuncio “sísmico” vino de Apple, que comunicó sus primeras pérdidas trimestrales en 13 años. Un video disponible en el sitio de TIME Magazine le sugiere a los inversionistas no perder de vista, primero, “que ninguna empresa puede crecer eternamente”, segundo, “que el futuro es incierto”. Coño, no digas… ¿En qué manual de economía figuran esas banalidades? En ninguno, visto que la teoría económica dice exactamente lo contrario. Las anticipaciones racionales, ¿conoces?

Rodrigo Valdés Pulido

Rodrigo Valdés Pulido

Rana Foroohar sigue metiéndonos miedo cuando afirma: “A primera vista estas dos historias aparecen desconectadas, apenas dos pequeñas malas noticias para una pareja de gigantescas corporaciones. Pero en realidad, son parte de una tendencia más amplia que refleja a qué punto las acciones, y en general los mercados de capitales, están desconectados de los fundamentos empresariales y de la economía real”.

Aquí es donde entra Apple, dice Foroohar: aun cuando dispone de US$ 223 mil millones en caja, Apple se ha endeudado copiosamente para recomprar sus propias acciones, frecuentemente al precio fuerte, con el objetivo desesperado de mantener el interés de los inversionistas en un momento en que su estrategia no produce los resultados esperados.

La empresa no ha puesto nada nuevo en el mercado desde la muerte de Steve Jobs en el año 2011, pero para tranquilizar a los inversionistas que exigen más crecimiento cada trimestre, Apple, la empresa con más liquidez del mundo, se endeuda para pagar dividendos. Las tasas de interés están próximas a cero por ciento, y repatriar esos US$ 223 mil millones exigiría pagar impuestos en los EEUU. Endeudarse es más barato.

La autora de la nota manifiesta su sorpresa ante una realidad que no se produjo ayer, y ha sido la norma desde hace décadas:

“El más grande enigma de nuestra época –porqué muchas empresas no están invirtiendo su dinero en fábricas, trabajadores y salarios– resulta tener una respuesta sencilla. Es porque están usando esos fondos para estimular los mercados y enriquecer al 25% de la población más rica, que posee un 80% de las acciones, mediante la distribución de dividendos”.

Especulación financiera en lugar de producción industrial, trabajo y salarios: ¿Dónde está la novedad? ¿Cuál es el enigma?

Si en la primera mitad del siglo XX John Kenneth Galbraith tuvo que explicarle a los economistas yanquis que vivían rodeados de monopolios (los pobres no se habían dado cuenta), ahora Rana Foroohar tuvo que leer una nota del Instituto Roosevelt para enterarse de que “mientras el endeudamiento para pagarle dividendos a los inversionistas ha crecido en los últimos años, la inversión en la economía real ha bajado, como ha bajado el crecimiento”.

Ni Rodrigo Vergara, ni Rodrigo Valdés, ni Ximena Rincón se han enterado aún, y le achacan el aumento del desempleo “al debilitamiento del mercado laboral” (sic). Acuérdate de mí, no faltará el subnormal que va a sugerir tomar medidas “contra-cíclicas”.

Entretanto, Rana Forohar –redactora jefe adjunta, responsable de Economía y Negocios de TIME Magazine– se propone publicar un libro para anunciarle al mundo que se inventó la rueda:

“Esta ‘financiarización de América’, que es el tema de mi próximo libro, “Quién Hace y quién Toma: el Auge de la Finanza y la Caída de la Industria Americana”, está en el corazón de las más importantes cuestiones económicas y políticas de nuestros días”.

Pobre Rana Foroohar: alguien tenía que haberle explicado que un tal Lenin publicó un librito sobre el mismo tema en el año 1917. Inspirándose en los trabajos de John Atkinson y de Rudolf Hilferding, Lenin escribió “El Imperialismo, fase superior del capitalismo”.

En ese texto, Lenin escribe: “Así pues, el siglo XX señala el punto de viraje del viejo capitalismo al nuevo, de la dominación del capital en general a la dominación del capital financiero”. “Cada día se manifiesta con más relieve, como una de las tendencias del imperialismo, la formación de ‘Estados rentistas’, de Estados usureros, cuya burguesía vive cada día más a costa de la exportación de capitales y del ‘corte del cupón’”.

O sea, en nuestros días, de la especulación y de las manipulaciones financieras que Rana Foroohar acaba de descubrir con un siglo de atraso.

Triste verdad…

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