Pesimismo en el FMI ¿Es grave doctor?

 

El FMI acaba de publicar la última edición de sus “Perspectivas de la economía mundial”, tan llena de banalidades como cualquier edición anterior. Aún más pesimista que las precedentes, lo que no deja de ser sabroso si se tiene en cuenta que los consejos que el FMI le prodiga a medio mundo son los que tienen la economía en el suelo.

¿Y Ud., de qué está pesimista? De mí misma, debe responder Christine Lagarde, directora-gerente del FMI. O bien Maurice Obstfeld, economista jefe del FMI, que es a la economía lo que Heraldo Muñoz a la diplomacia: un chiste.

En una larga letanía de “riesgos” que explican el marasmo mundial, Obstfeld cuenta la caída del precio del petróleo que, hasta hace poco, debía ser la causa de una aceleración del crecimiento.

Tú ya sabes: si el precio de la energía disminuye, disminuyen los costos de producción, se estimula la demanda y papita p’al loro. Ahora no, es al revés. ¿Por qué? Lo de siempre: la ley de la oferta y la demanda. O bien la de Moraga, el FMI no lo tiene claro.

La guerra en Siria es otro “riesgo”. Como lo lees. No lo digo yo, lo dice el FMI. Lo que lleva a preguntarse si el FMI está bien de la cafetera, visto que la guerra en Siria la desataron los occidentales para alegría y jolgorio de los fabricantes de armas.

Francia acaba de lanzar ocho misiles de crucero contra el Estado Islámico, a un precio unitario de un millón de euros, sin contar la amortización de los aviones, el carburante, los salarios de los pilotos, el apoyo técnico y otros detallitos. El fabricante de misiles se relame los dedos.FMI (1)

Tercer “riesgo”, la amenaza terrorista. Que no cayó del cielo como las malas lluvias. Obstfeld olvida mencionar que –como dice el filósofo francés Michel Onfray– esa amenaza tiene una genealogía, un origen. Ese origen está en las guerras que occidente lanzó en Iraq, en Afganistán, en Yemen, en Libia, en Siria, en Malí y otros países. El razonamiento de los terroristas es de una sencillez abismante: “Tú me matas yo te mato”. A nadie, incluyendo el FMI, se le ha ocurrido que la paz pudiese ser una alternativa.

La eventual salida de Gran Bretaña de la Unión Europea completa el sombrío cuadro que pinta el FMI, cuadro en el cual el elemento más preocupante es “la caída de la demanda”.

La caída de la demanda proviene de la austeridad preconizada por el FMI, que redujo significativamente los presupuestos públicos de los Estados que le hacen caso. Y del alto nivel de desempleo que genera la caída del gasto público. Y de la renuencia a invertir por parte del sector privado, visto que no hay demanda.

En otras palabras la caída de la demanda provoca la caída de la demanda. Keynes lo había explicado con manzanitas en el año 1936 en su Teoría General. Uno se pregunta a qué diablos se dedica el economista jefe del FMI.

Lo más extraordinario de todo es que el FMI confiesa su perplejidad ante la falta de eficacia de su propia medicina, lo que Obstfeld llama “remedios convencionales.”

Los “remedios convencionales” consisten mayormente en el relajo monetario que llaman quantitative easing, o sea la emisión sin respaldo, la creación de moneda trucha: el dinero nunca ha estado tan disponible, ni a tasas de interés tan bajas. No obstante la demanda, traducida en consumo o en inversión, no despega.

Aún cuando el FMI reconoce que sus recetas son inútiles, sigue proponiendo remedios que para dinamizar la economía son tan inservibles como los emplastos de mostaza para curar el cáncer.

Para aumentar la demanda el FMI sugiere generar empleo. Para facilitar la creación de empleo, el FMI aconseja una reforma del mercado del trabajo que consiste en facilitar los despidos y reducir o aún eliminar las indemnizaciones de despido. Lo espeluznante es que el FMI reconoce que –gracias a la citada reforma– la situación empeoraría antes de mejorar.

Al mismo tiempo sugiere limitar la duración y el nivel de las indemnizaciones que reciben quienes están sin trabajo, en la esperanza que el hambre estimule la búsqueda de un curro, como si el hecho de buscar empleo lo crease.

A las genialidades que te cuento, el FMI le agrega la necesidad de “mejorar el funcionamiento del sistema monetario internacional y la estabilidad de los mercados financieros, así como la cooperación internacional”, materias en las cuales “queda mucho por hacer”. En el pedir no hay engaño.

Rodrigo Valdés Pulido

Rodrigo Valdés Pulido

Una publicación financiera europea ofreció la conclusión más evidente: “He ahí una constatación del FMI que suena como el reconocimiento de su propia impotencia”.

Afortunadamente para la Humanidad existe Rodrigo Valdés, ministro de Hacienda de Chile, quién le enmienda la plana al FMI. Comentando las mediocres perspectivas que el FMI le adjudica a la economía chilena, Valdés declaró “Creo que es una foto que no tiene la última información”. Lo que lees: “una foto que no tiene la última información…” Comprenda quién pueda.

Y para que no quedase la sombra de una duda, Rodrigo Valdés, afirmó “que si el FMI hubiera conocido el Imacec de febrero probablemente no habría hecho esa estimación”.

¿Es grave Doctor? Lo del FMI sí, muy grave. Lo de Valdés es terminal.

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